Estudio advierte riesgos de los chatbots de IA en adolescentes

Estudio de Arizona State University examina riesgos de los chatbots para adolescentes: dependencia emocional, aislamiento y vínculos reales.

TEMPE, ESTADOS UNIDOS — Investigadores de Arizona State University advierten que los chatbots acompañantes podrían alterar el aprendizaje de habilidades sociales y afectivas durante la adolescencia.

La creciente presencia de la inteligencia artificial en la vida cotidiana de los adolescentes está abriendo un debate científico sobre sus consecuencias para el desarrollo emocional y las relaciones humanas. Una investigación difundida por Arizona State University (ASU), en Estados Unidos, advierte que los asistentes conversacionales utilizados como compañeros virtuales pueden ofrecer beneficios, pero también plantean riesgos cuando sustituyen experiencias sociales necesarias durante la juventud.

El trabajo, divulgado por la universidad el 29 de junio de 2026 y desarrollado por un equipo vinculado con su Departamento de Psicología, analiza cómo las interacciones con sistemas de inteligencia artificial pueden influir en la manera en que los adolescentes aprenden a relacionarse.

Sus autores destacan dos preocupaciones: el desplazamiento de las relaciones humanas por conversaciones digitales y el aprendizaje de expectativas poco realistas sobre los vínculos afectivos.

La investigación, presentada en la revista científica The Lancet Child & Adolescent Health, no demuestra que todos los adolescentes que utilizan chatbots sufran consecuencias psicológicas negativas. Identifica mecanismos de riesgo que necesitan estudiarse con mayor profundidad.

El debate adquirió nueva relevancia en octubre de 2026, cuando otra publicación de ASU abordó la necesidad de diseñar acompañantes artificiales que favorezcan la conexión humana en lugar de fomentar la dependencia.

Por qué los adolescentes están buscando compañía en la inteligencia artificial

Los asistentes conversacionales se han convertido en herramientas habituales para resolver dudas, estudiar, generar contenido y recibir orientación.

Sin embargo, una parte de sus usuarios también los utiliza para hablar de problemas familiares, amistades, conflictos sentimentales y preocupaciones personales.

Entre las plataformas analizadas en la discusión científica aparecen ChatGPT, Replika, Claude y Character.AI, aunque sus funciones, diseños y condiciones de uso no son equivalentes.

Algunos sistemas están orientados principalmente a tareas e información, mientras otros fueron desarrollados específicamente para simular vínculos personales mediante personajes virtuales, conversaciones persistentes y respuestas adaptadas al usuario.

Esta diferencia es importante porque el riesgo no depende únicamente de que una herramienta utilice inteligencia artificial. También intervienen su diseño, los mecanismos de interacción y el tipo de relación que una persona establece con ella.

Para un adolescente que experimenta soledad, timidez o dificultades para hablar de sus sentimientos, un chatbot puede representar un espacio accesible donde formular preguntas sin temor a una reacción social inmediata.

La disponibilidad constante y las respuestas personalizadas pueden hacer que estas interacciones resulten atractivas.

Sin embargo, los investigadores advierten que una conversación artificial no reproduce todas las características de una relación humana.

Dos riesgos identificados por los investigadores de Arizona State University

El equipo encabezado por Thao Ha, profesora asociada del Departamento de Psicología de ASU, identifica dos procesos especialmente relevantes.

El primero se denomina desplazamiento relacional y ocurre cuando las interacciones con inteligencia artificial sustituyen oportunidades de comunicación con otras personas.

Por ejemplo, un adolescente puede recurrir sistemáticamente a un chatbot después de discutir con una amistad, en lugar de buscar una conversación que permita resolver el conflicto.

Aunque esta práctica podría proporcionar alivio inmediato, también reduciría las oportunidades de aprender a negociar diferencias, expresar desacuerdos y comprender otros puntos de vista.

El segundo proceso se conoce como aprendizaje relacional desadaptativo.

Este concepto se refiere a la posibilidad de desarrollar expectativas poco realistas sobre las relaciones humanas a partir de sistemas que responden rápidamente, ofrecen validación frecuente y pueden adaptarse constantemente a las preferencias de una persona.

Las amistades y relaciones sentimentales reales requieren escuchar, aceptar límites, reconocer errores y afrontar situaciones incómodas.

Los asistentes artificiales, por el contrario, pueden estar diseñados para mantener conversaciones agradables y prolongar la interacción.

Los investigadores consideran que esta diferencia merece atención porque la adolescencia constituye una etapa fundamental para aprender a establecer relaciones equilibradas.

Ambos mecanismos representan preocupaciones científicas plausibles, no efectos inevitables demostrados en todos los usuarios.

La adolescencia es una etapa clave para aprender a convivir

Las relaciones sociales cumplen funciones fundamentales durante el crecimiento.

A través de las amistades, las experiencias familiares, las actividades escolares y las primeras relaciones románticas, los adolescentes desarrollan habilidades de regulación emocional, empatía, comunicación y resolución de conflictos.

Estos aprendizajes no siempre ocurren mediante situaciones agradables.

Una discusión entre amigos puede enseñar a reconocer errores. Una diferencia de opiniones puede fortalecer la capacidad de escuchar. Una decepción sentimental puede contribuir a comprender los límites de una relación.

La investigación de ASU plantea que estas experiencias forman parte del desarrollo y no deberían desaparecer mediante la sustitución constante de las interacciones humanas por respuestas automatizadas.

Esto no implica que los adolescentes tengan que enfrentar todas sus dificultades sin apoyo.

El punto central es diferenciar entre una herramienta que ayuda a prepararse para una conversación y otra que termina reemplazando permanentemente ese encuentro.

Un chatbot podría ser útil para organizar ideas antes de hablar con un familiar o practicar cómo expresar una preocupación.

El riesgo aparece cuando la interacción digital se convierte en la única respuesta ante los conflictos y reduce las oportunidades de poner en práctica las habilidades sociales.

Qué muestran las encuestas sobre el uso de chatbots entre jóvenes

El crecimiento de estas tecnologías ya aparece reflejado en investigaciones poblacionales realizadas en Estados Unidos.

Un informe del Pew Research Center publicado en diciembre de 2025 encontró que el 64 % de los adolescentes estadounidenses de entre 13 y 17 años había utilizado alguna vez un chatbot de inteligencia artificial.

La investigación incluyó a 1.458 adolescentes y se basó en una encuesta realizada entre septiembre y octubre de 2025.

En febrero de 2026, el mismo centro publicó un análisis adicional sobre las finalidades de uso de estas herramientas.

Los resultados indicaron que el 57 % había utilizado chatbots para buscar información y el 54 % para recibir ayuda con trabajos escolares.

Un 47 % declaró utilizarlos para entretenimiento, mientras el 12 % señaló haber recurrido a ellos para recibir apoyo emocional o consejos.

Estas cifras muestran que los usos educativos e informativos son más frecuentes que la búsqueda de acompañamiento emocional, al menos dentro de la muestra estudiada.

Otra investigación, publicada por Common Sense Media en julio de 2025, encontró que el 72 % de los adolescentes encuestados había utilizado acompañantes de inteligencia artificial y que el 52 % lo hacía regularmente.

La diferencia entre ambas investigaciones no debe interpretarse como una contradicción automática.

Cada una utilizó preguntas y definiciones específicas para estudiar el uso de inteligencia artificial, y sus resultados corresponden a muestras y metodologías diferentes.

Además, las cifras se refieren a adolescentes estadounidenses. No constituyen estadísticas sobre Costa Rica ni permiten calcular directamente cuántos jóvenes costarricenses mantienen relaciones emocionales con chatbots.

El problema de recibir siempre respuestas complacientes

Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es la tendencia de ciertos sistemas conversacionales a confirmar o acompañar las afirmaciones del usuario.

Esta característica puede resultar agradable cuando una persona busca comprensión después de una experiencia difícil.

Sin embargo, también podría reforzar interpretaciones equivocadas o expectativas poco saludables cuando el sistema responde sin cuestionarlas adecuadamente.

En una relación humana, las personas no siempre están de acuerdo.

Los desacuerdos pueden ser incómodos, pero forman parte del aprendizaje de la convivencia.

Un acompañante artificial que proporciona validación constante puede crear una experiencia diferente, especialmente cuando adapta sus respuestas para mantener el interés del usuario.

La profesora Thao Ha y sus colaboradores consideran necesario investigar cómo este tipo de interacción modifica las expectativas que los adolescentes desarrollan respecto a sus amistades y relaciones sentimentales.

No se trata de afirmar que todas las respuestas amables sean perjudiciales.

La preocupación surge cuando la búsqueda de aprobación permanente dificulta reconocer límites, aceptar críticas constructivas o resolver conflictos con otras personas.

La ciencia también reconoce posibles beneficios del apoyo digital

Los investigadores de ASU no plantean que toda interacción emocional con inteligencia artificial sea negativa.

El trabajo reconoce que estas herramientas pueden facilitar el acceso a información y orientación para adolescentes que encuentran obstáculos en los servicios tradicionales de apoyo.

Entre las situaciones consideradas figuran las dificultades geográficas, las limitaciones de acceso a consejería y las circunstancias personales que pueden complicar la búsqueda de ayuda.

Un sistema diseñado responsablemente podría colaborar en ejercicios de reflexión, ayudar a formular preguntas o sugerir maneras de comunicarse con personas de confianza.

También podría orientar a los usuarios hacia recursos profesionales cuando una consulta supera las capacidades de la herramienta.

Sin embargo, estos posibles beneficios dependen de la calidad del diseño, la seguridad de las respuestas y las condiciones en las que se utiliza la tecnología.

La investigación no establece que los chatbots puedan sustituir la psicoterapia ni que ofrezcan resultados equivalentes a una intervención profesional.

Tampoco permite afirmar que el uso de acompañantes virtuales cause necesariamente depresión, ansiedad o aislamiento.

La evidencia disponible exige distinguir entre riesgos teóricos, experiencias reportadas por usuarios y efectos causales demostrados mediante investigaciones longitudinales.

Una nueva propuesta busca evitar la dependencia emocional de la IA

El debate científico tuvo una actualización el 15 de octubre de 2026, cuando Arizona State University difundió una entrevista con Richard Fabes, especialista en desarrollo infantil.

Fabes presentó un marco conceptual denominado resonancia sintética, orientado a explicar por qué una persona puede experimentar una conexión emocional significativa con un sistema que no comparte esa experiencia de manera humana.

La idea central es que el vínculo puede ser emocionalmente importante para el usuario, aunque no exista reciprocidad equivalente por parte del programa.

Fabes propone que los acompañantes artificiales deberían diseñarse para fortalecer las relaciones reales en lugar de fomentar que una persona permanezca cada vez más tiempo conversando con el sistema.

Una de las alternativas planteadas es introducir una forma de desafío constructivo, mediante la cual el asistente no se limite a validar todas las opiniones del usuario.

En vez de estimular una dependencia creciente, la herramienta podría ayudar a desarrollar habilidades que posteriormente se utilicen fuera de la pantalla.

El investigador también propone modelos donde el apoyo artificial disminuya progresivamente a medida que la persona adquiere confianza para gestionar sus relaciones.

Es importante señalar que este trabajo se enfoca principalmente en las relaciones entre adultos e inteligencia artificial.

El propio Fabes advierte que los menores de edad requieren consideraciones de seguridad y desarrollo diferentes.

Por lo tanto, su propuesta no debe presentarse como una intervención ya validada para adolescentes.

Un estudio de 18 meses examinará las relaciones de adolescentes

Para profundizar en el conocimiento de estas interacciones, Thao Ha dirige otra investigación financiada por el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos.

El proyecto contempla reclutar a 300 adolescentes y sus parejas sentimentales para dar seguimiento a sus experiencias durante 18 meses.

El objetivo es estudiar cómo las interacciones digitales se relacionan con el bienestar psicológico, las relaciones sentimentales y el desempeño académico.

Los investigadores esperan analizar experiencias registradas mediante dispositivos móviles para comprender mejor el contexto en que ocurren estas interacciones.

Este tipo de seguimiento puede aportar información que las encuestas realizadas en un solo momento no permiten obtener.

También ayudará a examinar si determinados patrones de uso anteceden cambios en las relaciones personales o si los jóvenes que ya experimentan dificultades sociales buscan con mayor frecuencia apoyo tecnológico.

Esta distinción resulta fundamental para evitar conclusiones apresuradas sobre la causalidad.

Hasta que se publiquen los resultados correspondientes, el proyecto debe entenderse como una investigación en desarrollo, no como evidencia de efectos que todavía no se han medido.

Qué pueden hacer las familias y los centros educativos en Costa Rica

Aunque los estudios consultados se desarrollan principalmente en Estados Unidos, sus preguntas resultan relevantes para familias y docentes costarricenses.

Los adolescentes pueden acceder a herramientas internacionales de inteligencia artificial mediante teléfonos inteligentes, computadoras y servicios digitales.

Por ello, comprender las diferencias entre un asistente de tareas y un acompañante diseñado para simular amistad constituye un aspecto importante de la alfabetización digital.

Una primera medida consiste en conversar abiertamente sobre las herramientas utilizadas y los motivos por los cuales resultan atractivas.

También es conveniente explicar que un chatbot puede producir información incorrecta, ofrecer consejos poco adecuados o responder de manera excesivamente complaciente.

Las familias pueden establecer acuerdos razonables sobre privacidad, tiempo de uso y situaciones en las que resulta preferible acudir a una persona de confianza.

Los centros educativos, por su parte, pueden incorporar discusiones sobre relaciones digitales, seguridad de datos, manipulación emocional y evaluación crítica de respuestas automatizadas.

Otra medida consiste en preservar oportunidades de convivencia presencial mediante actividades deportivas, culturales, educativas y comunitarias.

El objetivo no es asumir que cualquier conversación con una IA representa un problema, sino observar si su uso está desplazando persistentemente las relaciones, el descanso, las responsabilidades o las actividades que el adolescente disfrutaba anteriormente.

Cuando existen señales de sufrimiento emocional o aislamiento persistente, es recomendable buscar orientación profesional y no depender de un chatbot como único recurso de apoyo.

Privacidad y seguridad: otros factores que necesitan vigilancia

El vínculo emocional con un sistema artificial también plantea preguntas sobre la información que los adolescentes comparten.

Una persona puede revelar experiencias íntimas, conflictos familiares, sentimientos o datos personales durante una conversación que percibe como privada.

Sin embargo, el tratamiento de esa información depende de las políticas de cada plataforma, sus configuraciones y los mecanismos de conservación de datos.

No debe suponerse que todas las conversaciones ofrecen las mismas garantías de confidencialidad.

Por esta razón, las familias y los centros educativos necesitan fomentar hábitos de protección de la información personal.

Los desarrolladores también enfrentan el desafío de incorporar salvaguardas apropiadas para menores de edad y mecanismos que permitan responder de manera responsable ante situaciones delicadas.

La investigación de ASU destaca que la velocidad del desarrollo tecnológico está superando la capacidad de evaluación científica y regulación.

Esta diferencia incrementa la necesidad de realizar estudios independientes y establecer criterios de diseño basados en evidencia.

El desafío será aprovechar la IA sin reemplazar los vínculos humanos

La discusión científica sobre los acompañantes virtuales no se limita a determinar cuánto tiempo pasan los adolescentes frente a una pantalla.

También busca comprender qué tipo de relaciones desarrollan con los sistemas digitales y qué experiencias podrían estar dejando de vivir cuando recurren a ellos.

Los trabajos difundidos por Arizona State University plantean que una inteligencia artificial útil para el desarrollo adolescente debería contribuir a fortalecer la autonomía, la reflexión y las habilidades de convivencia.

Las herramientas capaces de ofrecer orientación inmediata pueden tener valor, especialmente cuando facilitan información y ayudan a organizar pensamientos.

Sin embargo, esa utilidad necesita equilibrarse con la protección de las experiencias humanas mediante las cuales se aprende a escuchar, negociar, confiar y establecer límites.

La investigación disponible todavía no permite establecer el alcance definitivo de los efectos a largo plazo.

Por eso, los especialistas consideran necesario ampliar los estudios, evaluar las medidas de seguridad y escuchar a los propios adolescentes en el diseño de estas tecnologías.

El desafío para familias, investigadores, educadores y desarrolladores será aprovechar las posibilidades de la inteligencia artificial sin convertirla en un sustituto de los vínculos que forman parte del desarrollo humano.

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