La iniciativa alcanza a 155 personas; 140 son aspirantes a empleo y 25 avanzan en el proceso para optar por licencia de drones agrícolas
SAN JOSÉ, COSTA RICA — PROCOMER y CORBANA desarrollan un programa de formación técnica valorado en más de ₡26 millones para preparar a 155 personas en operación de drones agrícolas, agricultura de precisión, análisis geoespacial y otras herramientas aplicadas al sector bananero.
La iniciativa forma parte del Programa de Desarrollo de Talento Humano en Empresas Exportadoras de PROCOMER y se ejecuta con participación de la Corporación Bananera Nacional y la Compañía Nacional de Banano S.A. Su objetivo es ampliar las capacidades disponibles para una actividad exportadora que incorpora progresivamente sensores, imágenes aéreas y análisis de datos.
PROCOMER cubrirá 70% de la inversión. Como el presupuesto total es superior a ₡26 millones, la participación de la promotora representa al menos ₡18,2 millones. El monto final puede ser mayor porque la cifra institucional se presenta como un valor mínimo.
Nueve de cada diez participantes son aspirantes a empleo
De las 155 personas incluidas en el programa, 140 son aspirantes a empleo y 15 colaboradores de CIBSA. Eso significa que aproximadamente 90,3% de los participantes pertenece al grupo que busca desarrollar capacidades para ingresar o mejorar sus opciones en el mercado laboral agrícola.
El programa incluye 45 mujeres, equivalentes a alrededor de 29% del total. La participación femenina es relevante en un sector donde determinadas labores técnicas y operativas han tenido históricamente una composición mayoritariamente masculina.
La formación incorpora drones, teledetección, sensores, análisis de datos geoespaciales y software especializado. Estas herramientas pueden utilizarse para observar cultivos, identificar variaciones, planificar intervenciones y documentar condiciones que serían más difíciles de medir únicamente mediante recorridos de campo.
Veinticinco participantes avanzan hacia licencia de drones agrícolas
CORBANA informó que 25 personas participan en el proceso teórico-práctico para optar por la licencia de operación de sistemas RPAS agrícolas. El grupo incluye colaboradores y estudiantes de universidades públicas.
La capacitación comenzó en abril y combina formación académica, exámenes teóricos y pericias antes de la prueba práctica correspondiente. También se desarrollan talleres de agricultura de precisión, liderazgo y emprendimiento.
El primer taller de agricultura de precisión concluyó con 35 estudiantes de la Universidad de Costa Rica. Otras actividades se realizan en Pococí, uno de los cantones vinculados con producción bananera y empleo agrícola.
Los beneficios productivos todavía deben medirse
Las instituciones sostienen que estas tecnologías pueden mejorar monitoreo, detección de plagas, uso de insumos y toma de decisiones. Esas ventajas son objetivos del programa, no resultados ya demostrados.
No existe todavía evidencia publicada que permita afirmar que las 155 personas completaron la capacitación, que todas obtendrán una licencia o que el proyecto redujo efectivamente agroquímicos o aumentó productividad.
El siguiente hito será conocer las tasas de finalización, número de licencias obtenidas y adopción real de las herramientas en fincas. Esos datos permitirán evaluar si la inversión en capacitación se convierte en nuevas oportunidades laborales y en cambios medibles dentro de la producción bananera.
La capacitación tecnológica puede tener además un efecto sobre el perfil de los empleos disponibles en regiones agrícolas. El uso de drones y software geoespacial crea demanda por personas capaces de operar equipos, interpretar datos y conectar información digital con decisiones de campo.
Ese cambio no elimina las labores tradicionales, pero puede aumentar la necesidad de habilidades técnicas complementarias. Para instituciones de educación superior y empresas, el desafío será determinar qué competencias tienen demanda sostenida y cuáles dependen de proyectos puntuales o de la compra de equipos específicos.
La evaluación del programa debería incluir no solo número de graduados, sino inserción laboral, uso efectivo de las licencias y continuidad de las competencias en las fincas. Esos indicadores permitirían determinar si la inversión genera un efecto duradero en productividad y oportunidades de empleo.
La continuidad presupuestaria será otro factor. Si el programa demuestra resultados, las instituciones podrán valorar nuevas cohortes o formación especializada adicional; si la adopción tecnológica es limitada, será necesario revisar contenidos, equipos y conexión con necesidades reales de las empresas.
Los resultados de empleo y certificación serán, por tanto, la medida principal para evaluar el alcance real del proyecto.
