La OMS presenta indicadores para vigilar el impacto del calor extremo en embarazadas, recién nacidos y niños y mejorar las alertas de salud.
GINEBRA, SUIZA — La OMS presentó nuevos indicadores globales para vigilar los riesgos del calor extremo en embarazadas, recién nacidos y niños y orientar mejores respuestas de los sistemas sanitarios.
El calor extremo se ha convertido en una preocupación cada vez mayor para la salud de las mujeres embarazadas, los recién nacidos y los niños. Frente a este desafío, la Organización Mundial de la Salud (OMS) presentó el 21 de octubre de 2026 un nuevo marco internacional destinado a mejorar la vigilancia de los efectos de las altas temperaturas sobre estas poblaciones.
La iniciativa fue desarrollada conjuntamente por la OMS, la Organización Meteorológica Mundial (OMM), UNICEF y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).
Se trata del primer conjunto mundial de indicadores prioritarios diseñado específicamente para facilitar el seguimiento de los riesgos relacionados con la exposición al calor durante el embarazo, el nacimiento y la infancia.
El objetivo no consiste únicamente en recopilar información climática, sino en conectar los datos sobre temperaturas con los registros sanitarios para detectar situaciones de riesgo y mejorar la capacidad de respuesta de los servicios médicos.
La propuesta surge en un contexto marcado por olas de calor cada vez más frecuentes, prolongadas o intensas, que pueden afectar especialmente a quienes tienen menor capacidad fisiológica o material para protegerse.
El calor extremo puede aumentar los riesgos durante el embarazo
Uno de los principales motivos que impulsaron el desarrollo del marco internacional es la evidencia científica sobre los efectos del calor en la salud materna y neonatal.
Según la OMS, estudios científicos han encontrado que la exposición al calor extremo puede asociarse con un incremento del 26 % en las probabilidades relativas de parto prematuro.
Este porcentaje no significa que el 26 % de todas las embarazadas expuestas al calor vaya a experimentar un parto prematuro. Expresa un aumento relativo de las probabilidades observado en investigaciones que examinaron la relación entre temperatura y resultados del embarazo.
La distinción es importante porque el riesgo individual depende de múltiples condiciones, entre ellas el estado de salud materno, el tiempo de exposición y el contexto ambiental.
El calor puede provocar deshidratación y aumentar las exigencias del organismo para mantener una temperatura corporal adecuada. Durante el embarazo, estos factores merecen especial atención por los cambios fisiológicos propios de esta etapa.
El nuevo marco también considera otros resultados sanitarios, como las muertes fetales, el bajo peso al nacer y la hipertensión durante la gestación.
La inclusión de estas variables no implica que todos esos acontecimientos sean causados exclusivamente por el calor. La finalidad es investigar si determinadas exposiciones coinciden con cambios relevantes en los indicadores de salud.
La vigilancia conjunta de los registros médicos y las condiciones meteorológicas permitirá estudiar estas posibles relaciones con mayor precisión.
Los bebés menores de un año enfrentan una exposición creciente
La preocupación internacional no termina con el nacimiento.
Los recién nacidos y lactantes constituyen una población particularmente sensible a las temperaturas elevadas debido a sus características fisiológicas y a su dependencia de otras personas para mantenerse protegidos.
La OMS informó que, durante 2024, los menores de un año estuvieron expuestos a un 389 % más de días con olas de calor en comparación con el período de referencia de 1986 a 2005.
Este incremento describe la exposición a episodios de calor y no debe interpretarse como un aumento equivalente de enfermedades o fallecimientos.
La diferencia es fundamental: una mayor exposición ambiental puede incrementar los riesgos, pero las consecuencias sanitarias dependen de las condiciones particulares de cada niño y de las medidas de protección disponibles.
La organización también estima que aproximadamente 1.500 millones de niños en el mundo se encuentran expuestos a olas de calor que se vuelven más frecuentes, duraderas o intensas.
Este panorama representa un desafío para los hogares, las escuelas, los centros de salud y los sistemas de protección infantil.
Los lactantes dependen de sus cuidadores para recibir alimentación adecuada, permanecer en espacios seguros y evitar una exposición prolongada a temperaturas peligrosas.
Por esa razón, la vigilancia de los riesgos debe incluir tanto los resultados médicos como las condiciones en las que viven los niños.
Qué indicadores propone vigilar el nuevo marco de la OMS
El documento técnico establece una serie de indicadores prioritarios agrupados en cuatro ámbitos.
El primero corresponde a la vigilancia rutinaria de la salud materna, neonatal e infantil.
En este apartado se incluyen resultados que habitualmente registran los servicios de salud, como nacimientos prematuros, bajo peso al nacer, complicaciones durante el embarazo y mortalidad infantil.
El segundo ámbito comprende los sistemas de vigilancia y salud pública, cuya función es identificar acontecimientos sanitarios que requieren atención o investigación.
El tercero se relaciona con el seguimiento integrado del clima y la salud. Su objetivo consiste en facilitar el análisis conjunto de los registros médicos y las condiciones ambientales.
El cuarto está dedicado a medir la exposición al calor mediante información meteorológica y otros datos relevantes.
Entre los indicadores recomendados destacan:
Partos prematuros.
Muertes fetales.
Bajo peso al nacer.
Hipertensión durante el embarazo.
Muertes infantiles.
Enfermedades y consultas en establecimientos sanitarios durante episodios de calor extremo.
Asistencia escolar y posibles alteraciones de la vida cotidiana de los niños.
La propuesta distingue entre indicadores básicos y adicionales, permitiendo que los países adapten su aplicación según sus necesidades y capacidades.
El documento no presenta un sistema único que deba implementarse de manera idéntica en todos los territorios.
Por el contrario, reconoce que la disponibilidad de información, los servicios sanitarios y las condiciones climáticas varían considerablemente entre regiones.
Cómo pueden los datos meteorológicos ayudar a prevenir complicaciones
Uno de los aportes centrales del marco es promover que los registros sanitarios y meteorológicos dejen de analizarse de manera completamente separada.
Por ejemplo, si una zona experimenta varios días de temperaturas excepcionalmente altas y posteriormente registra un aumento inusual de determinadas consultas médicas, las autoridades pueden investigar si existe una posible relación.
La comparación de datos permite identificar señales que podrían pasar inadvertidas cuando solamente se revisa una de las dos fuentes de información.
Esto no significa que una coincidencia temporal demuestre automáticamente una relación causal.
Las autoridades deben considerar otros factores, como enfermedades circulantes, condiciones socioeconómicas, acceso al agua, calidad de la vivienda y disponibilidad de servicios médicos.
Sin embargo, la identificación temprana de patrones puede facilitar decisiones preventivas.
Entre las posibles medidas figuran reforzar la preparación de hospitales, aumentar la comunicación con embarazadas y familias, identificar comunidades con mayor vulnerabilidad y activar advertencias antes de episodios de calor peligroso.
La utilidad de los indicadores dependerá, en buena medida, de la calidad de los registros y de la capacidad institucional para interpretar la información.
Un sistema de vigilancia eficaz debe convertir los datos disponibles en decisiones oportunas, sin esperar necesariamente a que se produzca una emergencia sanitaria de gran magnitud.
Hospitales y centros de salud también deben prepararse para las altas temperaturas
El marco internacional reconoce que el calor extremo puede afectar tanto a los pacientes como al funcionamiento de los servicios médicos.
Durante los episodios de temperaturas elevadas, los establecimientos sanitarios pueden enfrentar un aumento de consultas y mayores exigencias sobre sus instalaciones.
Esto plantea necesidades relacionadas con ventilación, disponibilidad de agua, condiciones térmicas adecuadas y continuidad de los servicios esenciales.
Las instalaciones que atienden embarazadas, recién nacidos y niños requieren especial atención debido a las necesidades de estas poblaciones.
La información obtenida mediante los nuevos indicadores puede ayudar a las autoridades a anticipar períodos de mayor demanda y revisar la preparación de los establecimientos.
También puede contribuir a identificar territorios donde la exposición al calor se combina con otros factores de vulnerabilidad.
Una comunidad con viviendas poco ventiladas, dificultades de acceso al agua o servicios sanitarios distantes podría enfrentar retos diferentes de los existentes en una zona con infraestructura más adecuada.
Por eso, la OMS recomienda desarrollar planes de acción frente al calor adaptados a las características de cada país.
El enfoque propuesto combina vigilancia, alerta temprana y preparación institucional.
Qué significa el nuevo marco para Costa Rica y Centroamérica
Aunque la iniciativa tiene alcance mundial, ofrece herramientas que podrían resultar relevantes para Costa Rica y los demás países centroamericanos.
La región presenta condiciones climáticas diversas, desde áreas costeras cálidas hasta zonas montañosas con temperaturas más moderadas.
Esta variabilidad hace que las estrategias de prevención deban considerar las características de cada territorio, en lugar de utilizar un único criterio de temperatura para toda la población.
En el caso costarricense, el eventual aprovechamiento de los indicadores podría involucrar la coordinación entre servicios de atención maternoinfantil, instituciones de salud pública y entidades responsables de la información meteorológica.
Por sus competencias, la Caja Costarricense de Seguro Social, el Ministerio de Salud y el Instituto Meteorológico Nacional serían actores relevantes para una eventual adaptación del enfoque.
Sin embargo, la publicación internacional no constituye una confirmación de que Costa Rica haya adoptado formalmente el nuevo marco ni de que exista un programa nacional específico basado en estos indicadores.
La aplicación requeriría decisiones institucionales, revisión de capacidades técnicas y mecanismos de coordinación.
Entre las oportunidades de análisis figuran la relación entre episodios de altas temperaturas y consultas médicas, la preparación de establecimientos sanitarios y las diferencias de exposición entre comunidades.
También sería importante examinar cómo comunicar advertencias climáticas comprensibles para familias con embarazadas o niños pequeños.
El valor potencial del sistema consiste en transformar información disponible en acciones preventivas ajustadas a las necesidades locales.
Recomendaciones para proteger a embarazadas, recién nacidos y niños
Además de la vigilancia institucional, existen medidas cotidianas que pueden contribuir a reducir los riesgos asociados con temperaturas elevadas.
La OMS y UNICEF recomiendan prestar especial atención a las personas más vulnerables durante los períodos de calor intenso.
Para las embarazadas, resulta importante evitar exposiciones prolongadas al sol y al calor, mantener una hidratación adecuada y buscar espacios frescos cuando las condiciones ambientales lo requieran.
También conviene reducir los esfuerzos físicos intensos durante las horas más calurosas y atender las recomendaciones del personal de salud responsable del embarazo.
En el caso de los niños, deben priorizarse los espacios ventilados o frescos, la ropa ligera y la disponibilidad de líquidos apropiados para su edad.
Los menores no deben permanecer dentro de vehículos estacionados, incluso cuando las ventanas estén parcialmente abiertas.
Los bebés requieren precauciones adicionales. En particular, los menores de seis meses no deben recibir agua como sustituto de la lactancia materna o de la fórmula infantil, salvo indicación médica específica.
Durante los episodios de calor, sus cuidadores deben prestar atención a la alimentación y consultar al personal sanitario si aparecen señales preocupantes.
Los síntomas que pueden requerir valoración médica incluyen decaimiento inusual, dificultades para alimentarse, disminución de la orina, vómitos persistentes o signos de deshidratación.
La confusión, las convulsiones, la pérdida de conocimiento o una alteración grave del estado general durante la exposición al calor requieren atención médica de emergencia.
Estas recomendaciones no sustituyen una evaluación profesional, especialmente cuando existen enfermedades previas, complicaciones del embarazo o condiciones que aumentan la vulnerabilidad.
La OMS pide convertir las alertas climáticas en decisiones sanitarias
El nuevo marco internacional responde a una necesidad que se ha vuelto cada vez más evidente: los fenómenos climáticos no deben analizarse únicamente como acontecimientos ambientales, sino también como factores que pueden modificar los riesgos de salud.
La publicación de los indicadores constituye una herramienta para mejorar esa comprensión.
Su utilización puede ayudar a identificar tendencias, investigar cambios inesperados y fortalecer la preparación de los servicios sanitarios.
La OMS también recomienda que los países incorporen las necesidades de embarazadas, recién nacidos y niños en los planes nacionales y locales de respuesta al calor.
Para ello, considera fundamental mejorar los sistemas de alerta temprana y asegurar que las advertencias puedan traducirse en medidas oportunas.
La cooperación entre autoridades sanitarias, servicios meteorológicos y organizaciones responsables de la protección de la infancia será una parte importante de este proceso.
A partir de la publicación del 21 de octubre de 2026, los países disponen de una nueva referencia técnica para organizar la vigilancia de los riesgos maternoinfantiles relacionados con las temperaturas elevadas.
Su impacto futuro dependerá de la capacidad de adaptar los indicadores a las realidades nacionales, mantener registros confiables y actuar sobre los resultados.
En un contexto de calentamiento global, la iniciativa busca que los riesgos del calor extremo puedan identificarse con mayor anticipación y que la protección de embarazadas, recién nacidos y niños forme parte de la planificación cotidiana de los sistemas de salud.

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