Estados Unidos y China negocian aranceles, inteligencia artificial y minerales críticos antes de la cumbre entre Trump y Xi Jinping.
NUEVA YORK, ESTADOS UNIDOS — Estados Unidos y China iniciaron este domingo 20 de septiembre conversaciones sobre comercio, inteligencia artificial y minerales críticos. Scott Bessent y He Lifeng encabezan el diálogo para preparar la reunión entre Donald Trump y Xi Jinping, prevista para el 24 de septiembre en Washington.
La negociación económica entre Washington y Pekín entra en una fase decisiva antes de la próxima reunión presidencial. Las delegaciones buscan identificar posibles compromisos sobre aranceles, acceso a productos estadounidenses, suministro de materias primas estratégicas y seguridad de la inteligencia artificial.
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, y el viceprimer ministro chino, He Lifeng, se reunieron este domingo en la sede de JPMorgan Chase, en Manhattan. También participa el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer.
El encuentro tiene dos referencias temporales: la cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping, programada para el 24 de septiembre, y el vencimiento de la tregua comercial bilateral, previsto para el 10 de noviembre.
Aunque ambas partes mantienen contactos de alto nivel, todavía no se ha anunciado un acuerdo comercial integral. Las propuestas examinadas tampoco equivalen a reducciones arancelarias aprobadas ni a modificaciones inmediatas de las restricciones tecnológicas.
Aranceles, compras agrícolas y aeronaves forman parte de la negociación
Una de las cuestiones comerciales consiste en identificar productos no estratégicos que podrían beneficiarse de menores barreras arancelarias.
Esta distinción resulta relevante porque permite discutir facilidades para determinados intercambios sin resolver necesariamente las diferencias sobre tecnologías consideradas sensibles para la seguridad nacional.
Washington también busca ampliar las oportunidades comerciales para sus productores agrícolas y fabricantes. Entre los asuntos examinados figuran posibles mayores compras chinas de bienes agrícolas estadounidenses y aeronaves Boeing.
Sin embargo, el alcance de cualquier compromiso dependerá de las condiciones finalmente aceptadas por las delegaciones.
Una reducción arancelaria puede modificar el precio de importación de un producto, pero no necesariamente se traduce en una disminución equivalente para el consumidor. El resultado también depende de los costos logísticos, los márgenes comerciales, el tipo de cambio y otras condiciones del mercado.
Por eso, para evaluar un eventual acuerdo será necesario conocer qué mercancías quedan incluidas, cuáles son las tasas aplicables y cuándo comenzarían a regir las nuevas condiciones.
El suministro de tierras raras sigue siendo un asunto central para Washington
Las conversaciones también abordan la disponibilidad de minerales críticos y productos derivados, especialmente los imanes fabricados con tierras raras.
Estos materiales tienen aplicaciones en motores eléctricos, equipos industriales, sistemas de defensa y determinadas tecnologías energéticas.
Su importancia económica no depende únicamente de la extracción minera. La separación, el refinamiento y la fabricación de componentes especializados también forman parte de una cadena de suministro que puede verse afectada por restricciones comerciales.
Para Estados Unidos, la continuidad del abastecimiento es relevante para fabricantes que utilizan componentes procedentes de China.
La negociación, por tanto, no se limita al volumen de minerales exportados. También importa la disponibilidad de productos procesados y las condiciones bajo las cuales las empresas pueden adquirirlos.
Los semiconductores y los sistemas de inteligencia artificial requieren, además, otros materiales y componentes tecnológicos. Conviene distinguir estas necesidades de los usos específicos de los imanes de tierras raras: no todos los minerales críticos cumplen la misma función industrial.
Un eventual entendimiento sobre suministro tendría que precisar qué productos comprende y si modifica los procedimientos de autorización de exportaciones.
La inteligencia artificial incorpora riesgos de seguridad al diálogo económico
La inteligencia artificial constituye otro eje de las conversaciones. Estados Unidos y China compiten en el desarrollo de modelos avanzados, infraestructura informática y componentes tecnológicos, pero también enfrentan riesgos que pueden requerir mecanismos de comunicación.
Entre los asuntos discutidos se encuentran posibles salvaguardias para sistemas avanzados de IA y riesgos asociados con aplicaciones de doble uso, es decir, tecnologías que pueden utilizarse tanto con fines civiles como militares.
El diálogo sobre seguridad no implica necesariamente un acuerdo sobre acceso a semiconductores o eliminación de controles de exportación.
Son cuestiones relacionadas, pero distintas.
Por una parte, los gobiernos pueden examinar mecanismos para reducir riesgos asociados con determinados sistemas de inteligencia artificial. Por otra, mantienen políticas comerciales y tecnológicas que afectan la disponibilidad de componentes avanzados.
Esta separación será importante al interpretar cualquier anuncio posterior. Un compromiso sobre seguridad de la IA no demostraría, por sí solo, que Washington y Pekín hayan resuelto sus diferencias sobre tecnología.
La tregua comercial vence el 10 de noviembre y añade presión al calendario
El plazo del 10 de noviembre introduce una segunda negociación: determinar qué ocurrirá con las condiciones comerciales temporales que mantienen ambas economías.
La continuidad de una tregua puede evitar cambios inmediatos en determinadas barreras comerciales, pero no equivale a eliminar los desacuerdos que dieron origen a esas medidas.
Para las empresas, la diferencia es significativa.
Una prórroga puede ofrecer mayor previsibilidad durante un período determinado. Un acuerdo más amplio, en cambio, requeriría compromisos concretos sobre las restricciones aplicables y su implementación.
La reunión de Nueva York busca preparar posibles entendimientos para el encuentro presidencial del 24 de septiembre. No obstante, la celebración de una cumbre no garantiza que todas las diferencias queden resueltas.
La información disponible tampoco permite establecer si habrá una extensión de la tregua, cuál sería su duración o qué condiciones podrían acompañarla.
Las cadenas de suministro latinoamericanas podrían sentir cambios comerciales
La relación económica entre Estados Unidos y China tiene consecuencias que trascienden sus mercados internos.
Las empresas latinoamericanas que importan maquinaria, componentes electrónicos o materias primas procedentes de ambas economías pueden verse expuestas a cambios en los costos y condiciones de abastecimiento.
También existen posibles efectos indirectos para productores que compiten con mercancías estadounidenses o chinas en terceros mercados.
Sin embargo, no es posible atribuir un impacto concreto a una negociación que todavía no ha producido medidas definitivas.
En el caso de Costa Rica, cualquier evaluación requeriría identificar los productos afectados, las cadenas de suministro involucradas y las condiciones comerciales aplicables.
Por ahora, no se han anunciado medidas específicas para el país como resultado de estas conversaciones.
La cumbre Trump-Xi deberá aclarar qué propuestas se convertirán en compromisos
La próxima reunión presidencial permitirá conocer si los contactos técnicos y económicos de Nueva York producen resultados concretos.
Las principales cuestiones pendientes incluyen el alcance de posibles reducciones arancelarias, las condiciones de abastecimiento de minerales críticos, los compromisos comerciales chinos y la naturaleza de cualquier entendimiento sobre inteligencia artificial.
También falta determinar qué ocurrirá con la tregua que vence en noviembre.
Para identificar cambios efectivos será necesario distinguir entre una declaración política, un acuerdo anunciado y una medida formalmente implementada.
Hasta que existan compromisos verificables, las conversaciones representan una oportunidad de negociación, no una modificación definitiva de las reglas comerciales entre las dos economías.

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