El grupo de 65 años y más quedará a solo 6.519 personas del de 0 a 14 años; en 2032 lo superará y acelerará el cambio económico del país.
SAN JOSÉ, COSTA RICA — Costa Rica llegará en 2031 a uno de los puntos más visibles de su transformación demográfica: las personas de 65 años y más serán prácticamente tantas como quienes tengan entre 0 y 14 años. Las proyecciones oficiales calculan 797.269 adultos mayores frente a 803.788 niños y adolescentes de ese grupo, antes de que los mayores los superen definitivamente un año después.
La diferencia será de apenas 6.519 personas. En términos relativos, el grupo más joven representará aproximadamente 15,1% de la población y las personas de 65 años y más, 15%. Nunca desde el inicio de la serie del INEC en 1950 ambas proporciones habían estado tan próximas.
El cambio no significa que Costa Rica vaya a quedarse sin población trabajadora en 2031. Las personas entre 15 y 64 años todavía concentrarán cerca del 70% del total. Lo que cambia es la dirección de la pirámide demográfica: las generaciones jóvenes disminuyen mientras las de mayor edad crecen con rapidez, reduciendo progresivamente la base sobre la que descansan el mercado laboral y buena parte del financiamiento de pensiones y servicios públicos.
Los adultos mayores superarán al grupo de 0 a 14 años en 2032
El punto de cruce propiamente dicho llegará un año después.
Para 2032, la población de 65 años y más superará a la de 0 a 14 años por unas 51.949 personas, según las estimaciones basadas en las proyecciones nacionales del INEC. Desde entonces, la diferencia continuará ampliándose durante las décadas siguientes.
El proceso responde a dos movimientos simultáneos. Por un lado, Costa Rica registra una de las caídas de fecundidad más pronunciadas de su historia reciente. El INEC estimó una tasa global de 1,23 hijos por mujer en 2024 y proyecta que descenderá hasta un mínimo de 1,14 en 2031.
Por otro, los costarricenses viven más. La esperanza de vida al nacer, situada en 80,91 años en 2024, alcanzaría 84,27 años en 2050 si se cumplen los supuestos de la proyección. El resultado combinado es una estructura con menos nacimientos y más personas que llegan y permanecen durante más tiempo en edades avanzadas.
El cambio ya puede observarse. En 2016, la población de 65 años y más superó por primera vez a la de menores de cinco años. Para 2024 ya era aproximadamente el doble y para 2029 el INEC proyecta una relación cercana a tres adultos mayores por cada menor de cinco.
La población en edad de trabajar empezará a reducirse
La dimensión económica se vuelve más clara al observar el grupo de 15 a 64 años.
Aunque continuará siendo ampliamente mayoritario durante la próxima década, las proyecciones indican que esa población empezará a disminuir gradualmente alrededor de 2035. Al mismo tiempo, seguirá aumentando la cantidad de personas que han superado los 65 años.
El Banco Central ya ha identificado el envejecimiento como uno de los factores detrás de cambios recientes en el mercado de trabajo. En su Informe de Política Monetaria de abril de 2026 señaló que la disminución de la participación laboral combina, entre otros elementos, el envejecimiento poblacional y las salidas de trabajadores hacia la inactividad.
En febrero de 2026, según ese informe, la participación laboral fue de 54%, mientras la tasa de ocupación se situó en 50,4%. El BCCR observó además que una población que envejece implica que quienes salen de la fuerza de trabajo tengan una menor probabilidad de regresar a ella.
Eso no significa que el envejecimiento explique por sí solo la evolución del empleo. Participación laboral, salarios, productividad, migración, informalidad, incorporación femenina y condiciones económicas también influyen. Pero la estructura por edades se está convirtiendo en una variable cada vez más relevante para interpretar el mercado laboral.
Pensiones enfrentarán una relación distinta entre cotizantes y jubilados
El sistema de pensiones está entre las áreas en las que el cambio demográfico produce una presión más directa.
El problema económico no surge simplemente porque haya más personas mayores, sino porque los esquemas contributivos dependen en gran medida de aportes vinculados al empleo. Si la cantidad de pensionados aumenta más rápido que la de cotizantes, mantener el equilibrio financiero exige ajustes por otras vías, como mayor productividad, participación laboral, contribuciones, edades de retiro, reservas o modificaciones en beneficios.
La OCDE ha advertido específicamente que la transición demográfica representa un desafío para la sostenibilidad del pilar contributivo de pensiones de Costa Rica, debido a su dependencia de contribuciones asociadas al empleo y al peso de la informalidad laboral.
El indicador de dependencia de la población adulta mayor refleja la velocidad de ese cambio. En 2024 había alrededor de 16 personas de 65 años y más por cada 100 habitantes de 15 a 64 años. Para 2050, el INEC proyecta que serán 39,2.
La relación no equivale exactamente al número de pensionados por trabajador —no todas las personas entre 15 y 64 trabajan ni todos los mayores de 65 reciben una pensión—, pero permite dimensionar el giro estructural.
Salud y cuidados ganarán peso mientras disminuye la población infantil
La reasignación de necesidades públicas será otro de los efectos.
Una estructura con menos niños puede reducir a largo plazo la demanda relativa de determinadas infraestructuras educativas, mientras el crecimiento de las edades avanzadas incrementa las necesidades vinculadas con atención médica, dependencia y cuidados de larga duración.
El propio INEC señala que sus proyecciones son un insumo para planificar pensiones, educación, salud y servicios dirigidos a la población mayor.
El desafío no consiste únicamente en aumentar gasto. También será necesario decidir qué tipo de servicios debe crecer y dónde. Una población de mayor edad modifica la demanda de atención de enfermedades crónicas, rehabilitación, vivienda accesible, transporte, servicios domiciliarios y redes de cuidados.
Ese último punto también tiene efectos laborales. Cuando el cuidado de familiares dependientes recae sobre personas en edad de trabajar, puede reducir su disponibilidad para participar en el mercado laboral. El Banco Central ya ha señalado las obligaciones familiares de cuido como uno de los factores que inciden en las decisiones de participación laboral de los hogares.
Incorporar más mujeres al empleo puede compensar parte de la presión
El envejecimiento no conduce automáticamente a una contracción económica.
Una economía puede responder a una población trabajadora relativamente menor aumentando productividad, incorporando personas que actualmente están fuera del mercado laboral, prolongando carreras laborales cuando sea viable y utilizando migración y tecnología, entre otras opciones.
Para Costa Rica existe un margen particularmente relevante en la participación femenina. La OCDE señala que la participación laboral de las mujeres sigue siendo comparativamente baja y calcula que cerrar las brechas de participación y horas trabajadas hacia 2060 podría elevar el crecimiento potencial del PIB per cápita en aproximadamente 0,5 puntos porcentuales al año.
La organización vincula explícitamente ese aumento de participación con la posibilidad de amortiguar parte del impacto fiscal del envejecimiento sobre pensiones y salud.
Esto vuelve a conectar el sistema de cuidados con el desempeño económico: ampliar la oferta de cuidados no solo responde a las necesidades de las personas dependientes, sino que puede facilitar que familiares —particularmente mujeres— permanezcan o ingresen al mercado laboral.
Costa Rica alcanzará su población máxima alrededor de 2044
El cruce de 2031 ocurre antes de otra fecha demográfica relevante.
Según la actualización oficial del INEC publicada en 2024, la población nacional continuará creciendo durante aproximadamente dos décadas más y alcanzará un máximo cercano a 5,44 millones de habitantes en 2044. A partir de 2045 comenzaría un descenso gradual.
Ese mismo año, la edad mediana de la población rondaría los 44,4 años, frente a cerca de 34,6 actualmente, de acuerdo con cálculos divulgados por el Banco Central a partir de las proyecciones demográficas.
Más adelante el cambio será aún más visible. El INEC proyecta que para 2050 una de cada cuatro personas en Costa Rica tendrá 65 años o más, comparado con aproximadamente una de cada nueve en 2024.
Por eso, el dato de 2031 funciona menos como un punto de llegada que como una señal temprana de una transformación que continuará durante décadas.
El siguiente cruce estadístico será más contundente: en 2032 las personas de 65 años y más ya serán más numerosas que toda la población de 0 a 14 años. A partir de entonces, las decisiones sobre empleo, productividad, pensiones, salud y cuidados se desarrollarán en un país cuya estructura etaria será sustancialmente distinta de aquella sobre la que se diseñaron buena parte de sus instituciones actuales.
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