Las personas de 65 años y más duplicarán su peso en dos décadas, mientras la caída de nacimientos transforma las necesidades de salud, cuidados y protección social.
SAN JOSÉ, COSTA RICA — Costa Rica avanza hacia una estructura poblacional marcadamente más envejecida: las personas de 65 años y más, que representaban alrededor del 11 % de la población en 2024, llegarían al 25 % en 2050, según las estimaciones y proyecciones nacionales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). El cambio ocurre al mismo tiempo que la fecundidad ha descendido a niveles históricamente bajos, reduciendo progresivamente el peso de las generaciones más jóvenes.
La actualización del INEC proyecta que la proporción de personas de 65 años y más se duplicará entre 2024 y 2044. El fenómeno modifica no solo la pirámide poblacional, sino también la relación entre quienes se encuentran en edades tradicionalmente asociadas con el trabajo y quienes demandarán en mayor proporción pensiones, atención sanitaria, apoyos para la dependencia y cuidados de largo plazo.
Las proyecciones constituyen un insumo para planificar servicios de salud, educación, pensiones y atención de diferentes grupos etarios. El propio INEC destaca que conocer anticipadamente la población por edad y sexo permite dimensionar los productos y servicios que necesitarán los habitantes en los próximos años.
Una de cada cuatro personas tendrá 65 años o más en 2050
La velocidad del cambio aparece con claridad al comparar los extremos de la proyección. En 2024 había aproximadamente 11 personas de 65 años o más por cada 100 habitantes; para 2050 serán unas 25.
El número absoluto también crecerá con rapidez. El Panorama Demográfico del INEC sitúa la población de 65 años y más en 546.225 personas en 2023 y proyecta 858.651 para 2033. Para 2043 serían 1,11 millones y en 2053 superarían 1,45 millones.
Ese crecimiento se produce mientras la expansión de la población total pierde fuerza. Las proyecciones nacionales publicadas por el INEC en 2024 estimaban que Costa Rica alcanzaría su máximo poblacional alrededor de 2044, con aproximadamente 5,44 millones de habitantes, y comenzaría posteriormente un descenso gradual.
El resultado es una transformación estructural: incluso antes de que el país empiece a perder habitantes, cambiará considerablemente la composición por edades de quienes viven en él.
La fecundidad cayó más rápido de lo previsto
El otro componente decisivo está en los nacimientos.
Cuando el INEC presentó sus proyecciones en julio de 2024, utilizó una tasa global de fecundidad de 1,23 hijos e hijas por mujer para ese año y proyectó un descenso hasta un mínimo de 1,14 en 2031.
Los registros demográficos publicados posteriormente mostraron que el descenso fue todavía mayor: la tasa observada en 2024 terminó en 1,12 hijos e hijas por mujer. En 2014 había sido de 1,78. El país se mantiene desde 2020 en niveles que el INEC clasifica como de ultrabaja fecundidad, por debajo de 1,5 hijos por mujer.
La diferencia es relevante porque las proyecciones demográficas dependen de supuestos sobre fecundidad, mortalidad y migración. Cuando alguno de esos componentes cambia más rápido de lo previsto, las estimaciones futuras pueden requerir nuevas revisiones.
La combinación de menos nacimientos y mayor supervivencia a edades avanzadas estrecha progresivamente la base de la pirámide poblacional y amplía los grupos de edades mayores.
La relación entre población mayor y población en edad de trabajar cambiará con rapidez
El envejecimiento también puede observarse mediante la relación de dependencia demográfica.
Según la actualización del INEC, en 2024 existían 16 personas de 65 años y más por cada 100 habitantes de entre 15 y 64 años. Para 2050 esa relación llegaría a 39,2 por cada 100.
La medición no significa que todas las personas entre 15 y 64 años estén empleadas ni que todas las mayores de 65 dependan económicamente de otras. Es un indicador demográfico que permite observar cómo cambia el peso relativo de los grandes grupos de edad.
Su evolución, sin embargo, resulta relevante para la planificación de sistemas financiados principalmente mediante contribuciones de trabajadores y empleadores, así como para estimar futuras necesidades de servicios públicos.
La presión no será exclusivamente financiera. Una población de mayor edad modifica la demanda de atención sanitaria, rehabilitación, prevención, vivienda accesible, transporte y servicios de apoyo para personas que desarrollan algún grado de dependencia.
Las proyecciones anteriores ya advertían una frontera demográfica en la década de 2030
Documentos de política pública anteriores anticipaban un cambio acelerado en la relación entre las generaciones más jóvenes y las mayores, aunque utilizaban grupos etarios diferentes de la definición legal costarricense de persona adulta mayor.
La Política Nacional de Cuidados 2021-2031 señalaba, utilizando estimaciones elaboradas con datos anteriores del INEC, que alrededor de 2030 se aproximarían las proporciones de personas menores de 15 años y personas de 60 años o más y que posteriormente la población mayor pasaría a tener más peso. Otro pasaje del mismo documento situaba en 2032 la frontera del proceso.
Esa comparación requiere una precisión: en Costa Rica, la definición utilizada para persona adulta mayor corresponde a quienes tienen 65 años o más, mientras aquellos cálculos de transición comparaban a la población de 60 años o más con los menores de 15.
Por ello, esos antecedentes no permiten afirmar por sí solos que las personas de 65 años y más igualarán exactamente a los menores de determinada edad en 2031. El año preciso depende tanto de los grupos etarios comparados como de la versión de las proyecciones utilizada.
La tendencia de fondo, en cambio, está claramente establecida por los datos más recientes del INEC: el peso relativo de la población mayor está creciendo con rapidez y la fecundidad continúa descendiendo.
Salud, pensiones y cuidados tendrán que adaptarse antes del máximo poblacional
El horizonte de 2044-2050 puede parecer distante, pero buena parte de la infraestructura y de las reformas institucionales necesarias para responder al envejecimiento requieren años de planificación.
El desafío sanitario incluye una mayor demanda asociada con enfermedades crónicas y condiciones vinculadas con edades avanzadas. El sistema de cuidados afrontará, a su vez, un aumento de la población potencialmente necesitada de apoyos en un escenario donde las familias serán más pequeñas.
La Política Nacional de Cuidados ya identificó el envejecimiento como uno de los factores que obligan a ampliar y coordinar servicios sociales y sociosanitarios para personas en situación de dependencia.
La transformación también alcanza al mercado laboral y a la protección social. El crecimiento de la relación entre población mayor y población en edades potencialmente activas implica que las decisiones sobre productividad, empleo, pensiones y financiamiento de servicios públicos tendrán que considerar una composición demográfica distinta de la que acompañó el desarrollo costarricense durante las últimas décadas.
El siguiente punto de referencia no será únicamente comprobar cuándo dos grupos de edad se cruzan en una gráfica. La variable decisiva será cómo Costa Rica adapta sus instituciones durante los años previos a 2044, cuando el INEC proyecta que la población total alcance su máximo mientras la proporción de habitantes de 65 años y más continúa aumentando.
Más de Andrés Villalobos
Ver todo en esta sección- Cargando historias relacionadas…
