La captura y salida de circulación de figuras relevantes del narcotráfico pueden producir nuevas disputas por territorios y mercados ilícitos en Costa Rica, según la evaluación del Organismo de Investigación Judicial, que mantiene vigilancia sobre posibles reacomodos de organizaciones criminales.
SAN JOSÉ, COSTA RICA.— El director del OIJ, Michael Soto, identificó al Caribe, el Pacífico Central y Guanacaste entre las regiones donde las autoridades observan con especial atención las consecuencias de las recientes acciones contra estructuras de narcotráfico. La preocupación no parte de que las capturas sean contraproducentes, sino de un fenómeno conocido en el crimen organizado: cuando desaparece un liderazgo, otros grupos pueden tratar de ocupar el espacio.
El OIJ utiliza inteligencia policial para seguir esos movimientos y detectar personas que intenten ascender dentro de las estructuras.
El vacío de poder no significa el fin de una estructura
Una organización criminal no necesariamente desaparece cuando cae su jefe. Redes de distribución, contactos, vendedores locales, armas, dinero y rivalidades pueden continuar operando.
Esa fragmentación puede generar enfrentamientos si dos o más grupos consideran que tienen derecho a controlar una misma zona.
El fenómeno resulta particularmente sensible en regiones donde existen rutas de ingreso y distribución de drogas. En junio, por ejemplo, el OIJ informó sobre una gran operación en el Caribe Sur en la que se allanaron 98 propiedades y se investigó una estructura que presuntamente participaba en tráfico nacional e internacional de drogas y legitimación de capitales. Las autoridades atribuyeron a esa investigación decomisos previos de cocaína y marihuana y conexiones internacionales.
Capturas relevantes cambian el mapa criminal
Entre los casos que forman parte del nuevo escenario está la captura de Alejandro Arias Monge, conocido como “Diablo”, una figura que durante años estuvo entre los objetivos de las autoridades costarricenses. El Ministerio Público incluyó recientemente la investigación detrás de esa captura entre sus contenidos institucionales de agosto.
La advertencia policial no significa que un aumento específico de homicidios en esas tres regiones sea inevitable. Se trata de una evaluación de riesgo basada en la dinámica observada por los investigadores.
Esa diferencia es relevante: una proyección operativa permite concentrar inteligencia y recursos, pero no debe presentarse como un hecho que ya ocurrió.
El reto pasa de capturar a impedir la sucesión
La siguiente fase para las autoridades consiste en evitar que nuevos actores sustituyan rápidamente a quienes han sido detenidos.
Eso exige seguir flujos de dinero, armas, comunicaciones y distribución local, además de las investigaciones por homicidios y narcotráfico.
Para las comunidades, el indicador más importante durante las próximas semanas será si aparecen nuevos enfrentamientos, cambios en patrones de homicidios o detenciones de personas señaladas como sucesoras dentro de estas estructuras.
La situación permanece en desarrollo y cualquier atribución de participación criminal debe mantenerse sujeta a investigación y al principio de presunción de inocencia.
Supervisión Editorial: María Quesada, Jefa de Redacción | CR Global News
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