Captura de alias “Diablo”: un minuto sin drones abrió paso al operativo Némesis

El OIJ aprovechó una breve pausa en la vigilancia con drones para ingresar a una finca en Sarapiquí y detener a Alejandro Arias Monge durante la operación Némesis.

Imagen editorial simbólica sobre la captura de alias Diablo y el operativo Némesis del OIJ en Sarapiquí.


SARAPIQUÍ, COSTA RICA.— La captura de Alejandro Arias Monge, conocido como alias “Diablo”, se concretó la madrugada del viernes 24 de julio después de que agentes del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) detectaran una breve interrupción en el sistema de vigilancia aérea de la finca donde se encontraba. El operativo, denominado “Némesis”, puso fin a una búsqueda de casi diez años y derivó en un enfrentamiento armado de cerca de una hora, según autoridades judiciales.

El elemento decisivo fue una pausa de aproximadamente un minuto entre el descenso de un dron para cambiar su batería y el despegue del segundo aparato. Michael Soto, director interino del OIJ, explicó que los equipos tácticos aprovecharon ese intervalo para avanzar hacia la propiedad, derribar el portón y reducir la posibilidad de ser detectados antes del ingreso.

El minuto sin vigilancia aérea que cambió el operativo

La organización mantenía dos drones para observar de forma continua los alrededores de la finca. Mientras uno estaba en vuelo, el otro permanecía listo para sustituirlo. Esa alternancia permitía cubrir los accesos y detectar movimientos desde una propiedad rodeada de vegetación y con amplio dominio visual.

La oportunidad surgió cuando uno de los equipos descendió para el cambio de batería y el otro todavía no había sido elevado. “Fue el minuto que aprovechamos y no pudieron subirlo”, afirmó Soto durante una conferencia de prensa. El primer anillo táctico avanzó entonces hacia el único acceso disponible y comenzó la fase de ingreso.

La precisión temporal fue relevante porque el factor sorpresa podía desaparecer en pocos segundos. Una vez que el grupo llegó al portón, los ocupantes de la vivienda ya tenían capacidad para responder. El OIJ había asumido desde la planificación que la intervención sería de alto riesgo por el armamento y las condiciones del terreno.

Cómo funcionaba el sistema de drones en la finca

La vigilancia aérea no era un elemento aislado, sino parte de una posición defensiva. La vivienda estaba situada en una zona boscosa de Sarapiquí, dentro de una propiedad estimada entre 3.000 y 4.000 metros cuadrados. Desde allí era posible observar aproximaciones por distintos puntos y ganar tiempo ante una incursión policial.

El uso alternado de dos drones permitía reducir los periodos sin cobertura. Sin embargo, la continuidad dependía de que el relevo se ejecutara sin retrasos. El intervalo detectado por los investigadores interrumpió esa cadena y abrió una ruta para acercarse sin que un aparato sobrevolara el perímetro.

En las fuentes consultadas no se especificaron públicamente el modelo, el alcance, la autonomía o las capacidades concretas de los drones decomisados. Tampoco se detalló si transmitían imágenes a varios operadores o si el monitoreo estaba centralizado. Lo confirmado es que eran utilizados como parte del sistema de vigilancia de la propiedad.

Días de inteligencia antes de ejecutar la operación Némesis

El ingreso no fue una reacción improvisada. Según el relato del OIJ, las labores de inteligencia y vigilancia se desarrollaron durante varios días y contemplaron tanto el terreno como los movimientos de los objetivos. Inicialmente, las autoridades daban seguimiento por separado a Arias Monge, Jonathan Pérez, alias “Tan”, y Rodney Ríos, conocido como “Coco Guácimo”.

Los tres coincidieron en la misma vivienda antes de la intervención, una circunstancia que modificó el escenario operativo. El OIJ decidió avanzar con un despliegue concentrado, aunque mantuvo la valoración de que podían ocurrir bajas entre los agentes o los ocupantes de la finca.

El nombre “Némesis” fue escogido, según Soto, como una referencia a la figura de la mitología griega asociada con el restablecimiento del orden. La denominación buscaba reflejar el objetivo institucional de intervenir estructuras señaladas por las autoridades como responsables de violencia en varias zonas del país.

Una finca aislada, un portón y una sola ruta de ingreso

La intervención comenzó poco después de las 5:00 a. m. Los grupos tácticos debían atravesar un portón ubicado aproximadamente a 50 metros de la vivienda, en una propiedad con una única ruta frontal de acceso. Esa distancia dejaba a los agentes expuestos una vez perdida la sorpresa inicial.

Tras aprovechar la pausa de los drones, el equipo de choque derribó la entrada y avanzó hacia la estructura. En ese momento comenzó un intercambio de disparos con armas de alto poder. El diseño del terreno, la vegetación y la posición de la casa dificultaban el rescate inmediato de los oficiales que resultaban lesionados.

Durante el enfrentamiento, los agentes hicieron llamados para que los ocupantes salieran con las manos arriba. La respuesta inicial, de acuerdo con Soto, fue una nueva serie de disparos. Después de varios minutos, Arias Monge apareció en la parte frontal de la vivienda y se sentó junto a una columna. Posteriormente salió Pérez, alias “Tan”, y también se entregó.

Casi una hora de disparos dejó ocho agentes heridos

El intercambio armado se prolongó entre 45 y 50 minutos. Las autoridades reportaron ocho agentes judiciales heridos, dos de ellos en condición crítica durante las primeras horas posteriores al operativo. Un integrante del grupo vinculado con los objetivos murió en el lugar, identificado como alias “Coco Guácimo”.

El balance convirtió la operación en una de las intervenciones más complejas de la historia reciente del OIJ. Soto relató que los mandos recibían por radio reportes de oficiales lesionados mientras el fuego continuaba, pero un avance prematuro para rescatarlos podía aumentar el número de víctimas.

La escena también mostró la intensidad del enfrentamiento. Investigadores contabilizaron alrededor de 2.500 casquillos o impactos asociados a los disparos y localizaron más de 2.700 municiones sin utilizar. El OIJ estimó que esa reserva habría permitido prolongar el ataque durante más tiempo.

El decomiso de armas y equipos de vigilancia

Una vez asegurado el lugar, las autoridades decomisaron cinco fusiles de alto calibre, tres armas cortas y los drones utilizados para vigilar el perímetro. El inventario preliminar también incluyó cargadores, municiones y otros objetos que deberán incorporarse a las investigaciones y peritajes correspondientes.

El hallazgo de armas de tipo militar ayuda a explicar el nivel de riesgo previsto por los equipos tácticos. Sin embargo, la determinación de quién utilizó cada arma, su procedencia y su relación con otros expedientes dependerá de pruebas balísticas, análisis forenses y resoluciones judiciales.

El OIJ también indicó que las estructuras vinculadas con los principales objetivos de “Némesis” son investigadas en relación con aproximadamente 360 homicidios. Esa cifra corresponde a una valoración policial sobre varias organizaciones y no equivale a una atribución judicial individual por cada caso. Cada expediente deberá resolverse con sus propias pruebas y garantías procesales.

Qué implica la captura de Alejandro Arias Monge

Arias Monge, de 41 años, era considerado por las autoridades costarricenses como el fugitivo más buscado del país. Permaneció prófugo durante casi diez años y tenía órdenes de captura relacionadas con investigaciones por narcotráfico, robo, homicidio calificado y legitimación de capitales, según información divulgada por autoridades y agencias internacionales.

Estados Unidos también lo buscaba por cargos vinculados con tráfico de drogas. En 2025, el Departamento de Estado ofreció una recompensa de hasta 500.000 dólares por información que condujera a su arresto o condena. Su detención abre ahora una etapa judicial en la que deberán definirse las causas nacionales pendientes y cualquier trámite internacional aplicable.

Para Costa Rica, el operativo tiene relevancia por el peso que las autoridades atribuyen a estas estructuras en la violencia asociada con disputas territoriales y narcotráfico. La captura de figuras de alto perfil puede afectar mandos y redes logísticas, pero no implica por sí sola la desaparición de las organizaciones ni elimina el riesgo de reacomodos internos. Esta última valoración es una inferencia basada en el alcance atribuido por el OIJ a las estructuras investigadas.

Qué datos siguen pendientes y qué deberán observar los lectores

Las autoridades deberán actualizar el estado médico de los agentes heridos, presentar el inventario definitivo de lo decomisado y comunicar las medidas judiciales solicitadas contra las personas detenidas. También permanece pendiente conocer cuáles expedientes serán priorizados y cómo se coordinará cualquier solicitud de cooperación internacional.

Otro punto relevante será la custodia de los detenidos y la preservación de la evidencia recuperada en la finca. Los peritajes sobre armas, dispositivos electrónicos, drones y municiones podrían aportar información sobre movimientos, comunicaciones y posibles vínculos con otras investigaciones, pero esos resultados no habían sido divulgados al cierre de esta publicación.

La operación “Némesis” demuestra que una falla breve en un sistema de vigilancia puede ser decisiva cuando existe trabajo previo de inteligencia y una intervención coordinada. Su alcance jurídico y su impacto sobre las estructuras investigadas dependerán, no obstante, de las pruebas que se incorporen a los procesos y de las decisiones que adopten los tribunales.

 

Por Equipo de Sucesos | Supervisión: María Quesada | CRGlobalNews.com | Sarapiquí | 24 de julio de 2026

 

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